jueves, 23 de junio de 2022

Una EXPERIENCIA MÁGICA en COLONIA

>Los vestigios coloniales de españoles y portugueses se observan aquí y allá en toda la ciudad antigua, la cual estuvo abandonada por mucho tiempo hasta que a fines de la década del 60, se dio inicio a su reconstrucción
Arribando a Colonia
Calle Centro Histórico
Centro Histórico con vista del Faro
Puerto de Yates
Municipalidad de Colonia
Todo comenzó un día de diciembre en la FIT 2021 (Feria Internacional de Turismo en Buenos Aires). Visité el stand de Colonia del Sacramento, me invitaron a participar de un sorteo. Dos días después recibí una comunicación de la Asociación Turística de esa ciudad avisándome que era el feliz ganador de una “experiencia mágica”. A partir de entonces, y tras la pausa de las Fiestas de Fin de Año y las vacaciones estivales, comencé a organizar el viaje que finalmente se concretó el pasado fin de semana. El sábado por la mañana, partí junto a mi acompañante, en el Superferry de Colonia Express desde Buenos Aires hacia la ciudad oriental. El día estaba gris y frío pero ello no fue obstáculo para disfrutar a pleno. Ni bien arribamos a Colonia, nos dirigimos hacia la Ciudad Histórica recorriendo su interesante patrimonio, fusión de estilos coloniales españoles y portugueses, lo que le valió ser declarada Patrimonio de la Humanidad. La ciudad fue fundada por el maestre de campo portugués Manuel Lobo en enero de 1680, convirtiéndose en la primera ciudad fundada por europeos en lo que hoy es el territorio de la República Oriental del Uruguay. Ubicada frente a la ciudad de Buenos Aires, tuvo un carácter militar con la intención de la burguesía mercantil portuguesa de recuperar el intercambio con esa ciudad. Sin embargo, las autoridades españolas de Buenos Aires deciden atacar el nuevo asentamiento y la toman en agosto del mismo año de su fundación. Esto dio origen a diversas acciones por parte de portugueses y españoles en los que la ciudad cambió de bando en varias oportunidades. Hasta que en 1828 quedó definitivamente integrada al Estado Oriental del Uruguay. Los vestigios coloniales de españoles y portugueses se observan aquí y allá en toda la ciudad antigua, la cual estuvo abandonada por mucho tiempo hasta que a fines de la década del 60, se dio inicio a su reconstrucción. En 1972 se inauguraron las obras que incluyeron la reconstrucción de la muralla y su Puerta del Campo, hoy un emblema de la ciudad. Los Museos Español, Portugués, del Indio, la Casa de Nacarello, la Casa del Virrey, en las ruinas del Convento, fueron algunas de las intervenciones que se recuperaron el barrio histórico. La Calle de los Suspiros que desciende desde la Plaza Mayor hasta la calle de San Pedro ofreciéndonos hermosas vistas del Río de la Plata es, probablemente, la arteria más famosa de la ciudad. Su construcción denota su carácter lusitano ya que fue realizada con piedras desiguales con pendiente hacia el centro de la misma, a diferencia de las construcciones españolas que utilizaban piedras más regulares conformando una calzada abovedada con declives hacia ambos lados de la misma. Un custodio blanco vigila el centro histórico y toda la costa desde hace más de un siglo y medio: el faro. Fue levantado junto a las ruinas del convento de San Francisco Xavier, y se mantiene en buen estado. Desde la parte superior del mismo, a la que se accede por medio de largas escaleras caracol, se observan hermosas vistas de toda la ciudad y el río. A poca distancia del faro, otras dos torres se elevan al cielo coloniense, las de la Basílica del Santísimo Sacramento.
El edificio comenzó a construirse en los albores del siglo XIX, aunque poco después la caída de un rayo le provoca serios daños, ya que bajo la sacristía existía un viejo polvorín portugués en el que se habían almacenado municiones en tiempos pasados. Tanto es así, que cuando Charles Darwin pasa por allí (c. 1831/36), relata en su diario de viaje que la iglesia debido a este accidente se encontraba en estado ruinoso. La iglesia es reconstruida en poco tiempo. En pleno siglo XX se restauran la fachada y los azulejos de las cúpulas. Con los trabajos de puesta en valor del casco histórico, la Basílica también es intervenida reconstruyéndose partes dañadas dejando a la vista todo lo que era original. Tras este recorrido, llegó el mediodía y la hora del almuerzo que tuvo lugar en uno de los restaurantes aledaños a la Plaza Mayor donde nos deleitamos con un clásico “chivito”. Nuestro recorrido continuó por el Paseo costero de San Gabriel hacia el muelle y Puerto de yates llegando hasta el Centro Cultural Bastión del Carmen.
Este bastión fue construido como punto estratégico militar, una plataforma de artillería en las batallas que ocurrían en la ciudad de Colonia entre españoles y portugueses. Cuando el país se estabilizó y cesaron las disputas, el lugar fue reconvertido en una fábrica de cola y jabón, años más tarde una barraca y almacén de granos, y posteriormente un lavadero de lanas y curtiembre. Finalmente, el Ministerio de Educación y Cultura lo adquiere a sus propietarios argentinos para transformarlo en un Centro Cultural que se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, en el que se llevan a cabo todo tipo actividades artísticas: teatro, exposiciones, talleres, charlas y eventos diversos. La antigua chimenea, las murallas y la escultura en forma de espiral son los puntos de atracción del gran parque frente al río que posee el Bastión. Antes de disponernos a continuar el recorrido, hicimos una pausa para un café y encontramos: Lentas Maravillas, un lugar especial que transmite paz y tranquilidad.
La amabilidad de su dueña nos invitó a entrar y descubrir una acogedora sala con una gran chimenea de piedra y unos inmensos ventanales que ofrecen una estupenda vista del jardín y el río, todo complementado con una deliciosa pastelería. Reconfortados luego de beber un humeante café pusimos proa a nuestro próximo destino que se halla a unos 20 km. al noroeste de la ciudad, en San Pedro. Allí está el Museo C´ars.
Museo C´ars
Tras un breve recorrido por la campiña uruguaya, unos carteles al costado de la ruta nos informan que el ingreso al museo se halla próximo. Dos grandes pilares de mampostería con una forma que nos recuerda a vasos gigantes, pintados de blanco, coronados con dos autos antiguos flanquean el ingreso al lugar. Desde allí parte un camino de grava que nos lleva hasta las instalaciones del museo. Ya en el camino se observan algunos vehículos antiguos esparcidos por el parque. Son los encargados de darnos la bienvenida, mientras aguardan, allí, silenciosos el momento de su restauración. Este museo privado fue una iniciativa de un argentino, Manuel Arslanian Ipekdjian. Este señor y su esposa visitaban a menudo Colonia. Ella le sugiere adquirir una propiedad allí a fin de mudarse y eso es lo que hace don Manuel. En principio compra un terreno sobre la Ruta 1, en un lugar donde no existían servicios ni caminos que él mismo va construyendo. Lamentablemente, su esposa fallece pero él decide quedarse y, adquiere otra finca en San Pedro, donde decide hacer realidad su proyecto de museo. A Manuel le interesaron los automóviles desde muy pequeño, y se convirtió en un asiduo espectador de carreras de autos. Con el transcurrir del tiempo comenzó a adquirir vehículos antiguos y todo tipo de objetos que se fueron almacenando en unos galpones por un cuarto de siglo. Así, un día decidió construir un galpón en el que pudiese exponer buena parte de todo aquello. De esta manera nace el Museo C`ars by Manuquita, llamado así en recuerdo de su esposa. Una galería bajo la cual observamos algunos carruajes antiguos tirados por caballos es lo primero que encontramos. Junto a ella se ubica la confitería que permite disfrutar de un refrigerio sentados observando el campo y el área exterior con algún tractor, carro y los autos sin restaurar “en espera” para su puesta en valor. Un hangar de aproximadamente 2000 m2, es la gran sala de exposición en la que encontramos una treintena de vehículo, algunos centenarios o muy próximos a cumplirlo. Otros, son “más jóvenes”, sólo tienen la mitad de esa edad.
Para acceder a observarlos, debemos hacerlo recorriendo un pasillo cuyas paredes están tapizadas de una colección de fotos de automóviles.
En una de las cabeceras del hangar se recreó una antigua estación de servicio; en uno de los laterales se exponen todos los vehículos restaurados por el propietario del museo, quien ha realizado una excelente labor artesanal reconstruyéndolos con piezas originales. Todos los vehículos poseen, además, la documentación correspondiente.
En el otro lateral se alinean una serie de antiguos comercios con equipamientos de época. Así encontramos: la Peluquería de Don Mateo, la Farmacia Santo Remedio, máquinas de escribir “El Escribiente”, el Consultorio del Dr. Tembleque, entre otros. En el final del recorrido y sobre la otra cabecera del hangar, hay una colección de bicicletas y elementos de una bicicletería. La salida la constituye otro pasillo que, al igual que el del ingreso, está repleto de fotografías. Al salir, damos una última recorrida por el parque en medio de los automóviles y maquinarias que allí se hallan esparcidos. De esta manera, finalizamos la visita a este interesante museo destacando la prolijidad, el esmero, el cuidado de los detalles en todo lo que allí se expone. La presentación es impecable, lo que demuestra la dedicación que ha puesto su creador en él. Luego de la visita, emprendemos el regreso a la ciudad de Colonia dirigiéndonos al Hotel Dazzler by Windham, donde somos recibidos muy cordialmente y alojados en una de sus espaciosas habitaciones, con amplio ventanal, lo que la hace muy luminosa. La decoración es moderna y cálida invitándonos al relax.
Después de un breve descanso, nos aprontamos para ir a cenar. Comarca Las Liebres Ubicada en uno de los puntos más altos de la ciudad, a un kilómetro del Real de San Carlos, y unos 6 km. del centro histórico, este emprendimiento que comprende un hotel, restaurant y barrio cerrado, ofrece diversas experiencias.
La casa principal es de 1920 y ha sido restaurada para alojar huéspedes. En la parte anterior se le ha adicionado una gran galería vidriada donde se ubica el restaurante, en el que nos disponemos a cenar. El restaurante está dirigido por el chef Hugo Soca cuyas recetas reivindican la comida casera. Nos recibieron con un trago de bienvenida: una copa de “medio y medio”, típica bebida uruguaya conformada con partes iguales de vino blanco seco y espumante blanco dulce y hogazas de pan de masa madre recién horneado.
El menú de tres pasos está elaborado cuidadosamente combinando ingredientes naturales cosechados en la huerta del hotel, productos artesanales con toques modernos de aliños y sazones para recrear recetas caseras y tradicionales, resultando en platos particularmente sabrosos y equilibrados. Desde el inicio hasta el final, la atención fue magnífica: el personal muy cordial y atento a cualquier requerimiento, la cuidada presentación de los platos, la atmósfera del ambiente que invita a relajarse y conversar mientras se degustan los diferentes platos. Una “experiencia culinaria” de gran calidad. Así, culminamos nuestro primer día en la ciudad.
El domingo lo iniciamos desayunando en la cafetería buffet del hotel, que ofrece variedad de opciones para todos los gustos. Un amplio salón vidriado con acceso a la terraza solárium frente a la pileta con vistas al Río de la Plata, es el marco ideal para probar lo ofrecido, entre lo que destaca la buena pastelería. Finalizado el desayuno iniciamos el recorrido por la Ruta 1 y luego la 50, que discurren por las cuchillas uruguayas para dirigirnos a Viñedos y Olivares del Quintón
El área donde se emplaza este emprendimiento está compuesto por suaves cuchillas con abundante vegetación en el Paraje El Quintón, a unos 30 km. de la ciudad de Colonia. En el portal de acceso encontramos a Facundo, nuestro anfitrión y guía en esta visita. Un camino suavemente ondulado que transcurre en medio de la vegetación y atraviesa, por medio de un puente, una laguna artificial nos acerca a la finca principal. Una gran casona de estilo colonial con techo de tejas y
paredes blancas nos da la bienvenida. Accedemos a ella a través de una puerta cancel de hierro forjado y un zaguán decorado con mayólicas traídas de España por los dueños del emprendimiento, desembocando en un patio central, rodeado de galerías con columnas. Somos conducidos a un amplio salón de recepción en el que proyectan un video institucional. La finca pertenece a una familia argentina, que la adquiere con el fin de pasar tiempo de descanso en ella. Para ello edifican la casona y deciden iniciar una actividad productiva. En principio plantan olivos, construyen las instalaciones necesarias para el proceso de elaboración de aceites y dan inicio a la producción.
Los aceites se comercializan bajo el nombre “Piedras del Olivar”, siendo aceites extra virgen Premium de tres tipos diferentes. Después de un recorrido por la plantación y por la planta de elaboración con las interesantes y cordiales explicaciones de Facundo, pasamos a la degustación de los aceites. La visita continuó recorriendo las plantaciones de vides, otro emprendimiento iniciado a posteriori del olivar. Desde allí, nos dirigimos a las noveles instalaciones de la bodega, edificio emblemático de la firma, construida sobre una lomada desde la cual se domina visualmente todo el paisaje circundante.
El proyecto es del arquitecto uruguayo Gabriel González, quien describe así su obra: Las piedras con las que se han elevado los contundentes muros curvos exteriores, son propias de una cantera del campo. Solamente se han reposicionado para darles un nuevo sentido, otro lenguaje. Un par de “tajos estructurales” en las paredes de contención exhiben la roca madre, la piedra que envuelve la bodega y a su vez la contiene. Desde el proyecto, se apuntó al desafío de que fuera posible percibir todas las etapas de la vinificación desde dentro de la bodega. Así es que los niveles del edificio balconean unos sobre otros, y se han estudiado y logrado varios puntos de vista estratégicos desde donde el visitante puede contemplar de una vez todas las etapas de la elaboración del vino. Durante la vendimia, se conjugan visualmente la cosecha manual en las viñas, el lago de aguas naturales para riego, el transporte, la recepción y limpieza en bodega, el primer encubado en acero inoxidable, el futuro desvinado a crianza en barricas de roble francés, el descanso de las botellas de anteriores cosechas. La calidad de un vino está dada por la sumatoria de calidades de cada etapa de la vinificación. Bodega Viñas del Quintón rinde justo homenaje a todas ellas. Las instalaciones impactan x su buen diseño: amplitud de espacio, disposición de las cubas de acero inoxidable, espacio central abierto con balcones que permiten visuales amplias desde los distintos niveles, los barricas de roble en el piso inferior, los amplios ventanales que hacen que el lugar sea muy luminoso, los muros de piedra autóctona y el afloramiento de la roca madre, utilizada también como muro. Ello conlleva a que el espacio interno tenga acondicionamiento térmico y de ventilación sin necesidad de utilizar equipos artificiales para ello.
Las cepas que producen los viñedos propios son Cot Malbec y Syrah. En tanto los vinos que actualmente comercializan son la línea Bruna (100% malbec) y Petra (70% malbec, 30% cabernet franc). Estos vinos han obtenido importantes premios internacionales tales como Medallas de Oro en Selections Mondiales des Vins (Canadá) y Medalla de Oro Vinistate (Bruselas).
Como broche de oro, a este recorrido, la bodega nos ofreció una degustación con una abundante picada. Al igual que en el Museo C´ars, todo está muy cuidado , prolijo, excelentemente mantenido. Así, luego de casi tres horas de recorrido y buen comer y beber emprendimos el regreso a la ciudad de Colonia.
Al llegar realizamos un último recorrido por ella, yendo a visitar su reciclada Plaza de Toros, el Real de San Carlos, que luce orgullosa el esplendor recuperado. Actualmente, se ha convertido en centro de convenciones, espectáculos culturales y deportivos; posee, además, un restaurante, un museo y una sala de convenciones. El Museo del Ferrocarril, aledaño a esta Plaza de Toros, está cerrado definitivamente. Recreaba una antigua estación de ferrocarril de comienzos del siglo XX y poseía diversos vagones antiguos originales, integrantes del patrimonio cultural uruguayo. En el predio, que contaba con un bar restaurante se llevaban a cabo actividades culturales. Hacemos votos para que el mismo pueda ser reabierto ya que es un complemento ideal para el Real de San Carlos y ayudaría a potenciar turísticamente esta área de la ciudad algo alejada del centro histórico.
Tras ello, recorrimos la Rambla de las Américas, la avenida costanera de la ciudad, observando la vastedad del Río de la Plata que baña sus costas, llegando nuevamente al centro histórico. Desde allí nos dirigimos a la vecina Terminal Fluviomarítima para abordar el ferry de Colonia Express rumbo a Buenos Aires, dando por concluida la visita a esta ciudad. En poco más de 24 horas hemos vivido realmente una “experiencia mágica” en esta amigable ciudad oriental. Conocimos nuevos sitios de interés cultural, nos sentimos muy bien tratados en todo momento, destacando la cordialidad y amabilidad de los colonienses. El turismo constituye una de las más importantes fuentes de ingresos de la ciudad y sus habitantes son conscientes de ello, por lo que se esfuerzan en hacer que el turista se sienta cómodo, confortable, bien tratado, lo cual genera en ellos un deseo de volver a visitarla nuevamente. Me resta sólo agradecer a la Asociación Turística y la Dirección de Turismo de Colonia por esta “experiencia mágica” que hemos disfrutado
Atardecer en Colonia
Regresando a Buenos Aires

ubicación Google Map


Recorrido 360°




miércoles, 20 de abril de 2022

Una destacada arquitecta argentina logra un importante Acuerdo de Cooperación con UPA NACIONAL para realizar trabajos de restauración en el Sanatorio Duran en Oreamuno Irazu Costa Rica. Adriana Piastrellini, arquitecta especialista en restauración del pa-trimonio, presidente de AdbA (Ascociación Art Deco Buenos Aires) ACAPA se encuentra en ese país centroamericano llevan-do a cabo una tarea de coordinación e integración para llevar adelanta trabajos de puesta en valor del antiguo Sanatorio Durán. El Sanatorio se encuentra en Oreamuno, un cantón de la provincia de Cartago. La capital de esta provincia en San Rafael, que, a su vez, está unida a la ciudad de Cartago, homónima de la provincia La arq. Piastrellini arriba a Costa Rica por un Convenio de Cooperación entre AdbA y UPA (Unión de Productores Agropecuarios) de ese país, quienes son los actuales propietarios del Sanatorio. El Complejo del Sanatorio se ubica al pie del Volcán Irazu, vocablo indígena proveniente de “Istaru” que significa “temblor” o “trueno”; está a 2350 msnm y a 54 km de la capital del País, San José. El conjunto fue construido en etapas. Un primer Edificio ya centenario, cons-truido en madera y técnica de Bahareque. Y en etapas sucesivas que evidencian la presencia del hormigón armado y el estilo art deco. Mandado construir por el Dr. Carlos Durán Cartin, primer médico costarricense, en 1918. El Dr. Durán Cartin estudió en el Reino Unido de Gran Bretaña, en el Guy´s Hospital School de Londres y fue miembro del Real Colegio de Cirujanos londinense. Asimismo, fue Presidente temporario de Costa Rica y Benemérito de la Patria, un antiguo título otorgado e países hispanos en el siglo XIX. Su gran vocación fue el tratamiento de la tuberculosis, una enfermedad infectocontagiosa que causó millares de muertes en el mundo. Una de sus hijas padeció esta enfermedad y, de allí que el médico haya puesto tanto ahínco en encontrar una cura para la misma o brindar paliativos a quienes la padecían. Así, surge la idea de fundar este nosocomio siguiendo el ejemplo de hospitales de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. Fue el diseñador de la primer sala de cirugía (quirófano) que evitaba que las personas a quienes se le debían realizar operaciones quirúrgicas visualizasen el doloroso proceso, ya que no se utilizaba aún anestesia. También incursionó en la odontología. El emplazamiento del Sanatorio, al pie del volcán Irazu fue debido a que el área proporcionaba aire puro, buena incidencia de la luz solar en medio de un paisaje de gran belleza que favorecía la sanación basada en la contemplación, reposo absoluto y una buena alimentación orgánica. El complejo fue construido en etapas, siendo la primera ejecutada totalmente en madera, usando las de mejor calidad disponibles en el sitio tales como roble negro, cedro y pocho. Se utilizó un sistema constructivo denominado “bahareque” que es sismoresistente y que ya utilizaban los aborígenes. Se trataba de una estructura de madera y cañas blancas recubiertas con barro y tejuelas. En las etapas posteriores se utiliza hormigón armado, un método constructivo mucho más moderno, que se pone de manifiesto durante el período entre las 2 Guerras Mundiales, época en la que se desarrolla el Art Decó. Esto es observable en lo que fue la Cas del Director y el Pabellón en el cual las monjas confeccionaban todo tipo de prendas de uso en el hospital: guardapolvos, sábanas, etc. El sanatorio funcionó hasta la década del 60 cuando comenzó su decaden-cias, siendo la erupción del volcán Irazú en 1973 el golpe de gracia para su cierre definitivo. Desde entonces entró en un proceso de rápido deterioro, alentado por diversas leyendas, originadas en las penurias de los enfermos allí tratado, que llevaron a tildarlo como un “sitio de alta negatividad”. Tal como se dijo al comienzo de esta nota, el complejo que ocupó el Sanatorio actualmente es administrado por la Unión Nacional de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios Costarricenses, UPA Nacional, cultivándose diversas hortalizas allí ya que UPA Nacional tiene terrenos ubicados en la parte posterior del edificio en las cuales realizan estudios de agricultura. En el sitio se encuentra una edificación para realizar seminarios o reuniones con capacidad para 125 personas que se alquila para este tipo de acontecimientos. Posee habitaciones, baños y otros recintos. En 2008 un proyecto presentado ante la Asamblea Legislativa trató de incorpo-rar estas instalaciones a un corredor turístico en la zona norte de Cartago, donde podría convertirse en un colegio con modalidad agro-turístico industrial, sin que no se halla concretado hasta el momento Por su interés histórico y arquitectónico es un sitio muy visitado por turistas, pese al estado de abandono que muestra. Debido a ello, vecinos del área han solicitado a las autoridades gubernamentales en 2010 que el Sanatorio Durán se declarara Patrimonio Nacional. Y haciéndose eco de ello, el 7 de noviembre de 2014, el presidente Luis Guillermo Solís lo declaró como patrimonio histórico-arquitectónico de Costa Rica. En 2019 se restauró el antiguo comedor y cocina del hospital, ahora llamado "La Cafetería", espacio de venta de alimentos y un área de comedor. El proyecto contempla la restauración de una de las áreas del sanatorio, la más deteriorada debido a que fue la primera en ser construida cerca de 1919 y por ser completamente de madera. La arq. Piasterllini se halla totalmente abocada a esta tarea que redundará en beneficio de todos los vecinos del área, así como de los costarricenses y el tu-rismo en general ya que contará con un importante patrimonio nacional puesto en valor. Ella ha dicho: «nuestra misión colaborar con UPA Nacional y poner en valor este patrimonio. Estamos trabajando en el master plan, en acciones de mediano y largo plazo y otras de inmediata ejecución como los recorridos que comenzaremos a implementar en este mes de abril de 2022 , en el marco de los 175 años del natalicio de Dr. Durán Cartin

sábado, 16 de abril de 2022

Demuelan la Torre Eiffel, manifiesto de protesta

 por hugo klico, Arquitecto. Argentino/Español. editor. distribuidor de libros ilustrados


 

“…La elección en pleno corazón de nuestra capital, semejante a una negra y enorme chimenea de fábrica… es la deshonra de París…” fue la protesta de reconocidos artistas contra la “inútil y monstruosa torre de Monsier Eiffel”, publicada en la portada del periódico Le Temps.

Sus cuatro pilares (patas) se montaron en Julio de 1887, se terminó la 1era planta el 1 de Abril de 1888 a 57 metros de altura con una superficie de 4.415 m2, la segunda se terminó el 14 de agosto de 1888 a 115 metros con 1.430 m2 y se llegó a la cima el 1 de marzo 1889 de 276 metros con 250 m2.

Entre los 50 firmantes estaba el compositor Charles Gounod (Paris 1818 – 1893 Saint Cloud), el escritor y poeta Guy de Maupassant (Tourville-sur-Arques 1850 – 1893 Passy), el escritor y novelista Alexandre Dumas hijo (Paris 1824 – 1895 Marly-le-Roi), el pintor William-Adolphe Bouguereau ( La Rochelle 1825 – 1905 Ibíd.), el pintor y escultor Jean-Louis-Ernest Meissonier (Lyon 1815 – 1891 Paris) y el arquitecto Charles Garnier (Paris 1825 – 1898 Ibíd), quien diseñara la Opera de Paris.



El Ingeniero y empresario Alexandre Gustave Eiffel (Dijon 1832 – 1923 París), había conseguido un convenio con el estado y la ciudad de Paris por el que se le concedía durante 20 años el terreno para construir la torre y una subvención equivalente al 25 % del coste de construcción.  

La proclama estaba dirigida en forma de carta abierta al Ingeniero Jean-Charles Adolphe Alphand (Grenoble, 1817 – 1891 París) curador de la Feria Mundial.

“…Nosotros, escritores, pintores, escultores, arquitectos, apasionados aficionados por la belleza de Paris hasta ahora intacta, venimos a protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés anónimo, en nombre del arte y de la historia francesa amenazadas, contra la elección en pleno corazón de nuestra capital, de la inutilizables y monstruosa torre Eiffel, a la que la picaresca pública, a menudo poseedora de sentido común y espíritu de justicia, ya ha bautizado con el nombre de Torre de Babel”.

Si se entra en la página Web de la Societé d`´ Explotation de la Tour Eiffel se lee “…Con el paso de los decenios, la Torre Eiffel ha visto proezas, iluminaciones extraordinarias, recibido a visitantes prestigiosos… es un lugar místico y audaz, que siempre ha inspirado a artistas y propuesto desafíos”.

El sangriento dictador Adolf Hitler (Braunau 1889 – 1945 Berlín) intentó destruir la torre, que había conocido personalmente cuando el 28 de Junio de 1940 fue por 3 horas a París tras la invasión de Francia y con motivo de la firma del armisticio.



Hitler, el arquitecto Albert Speer (Mannheim 1905 – 1981 Londres) y el escultor Arno Breker (Elberfeld 1900 – 1991 Düsseldorf)







En 1944, con las fuerzas aliadas en las puertas de la ciudad, Hitler ordena al general Dietrich von Choltitz (Laka Pridnicka 1894 – 1966) destruir los edificios más emblemáticos de la ciudad “Paris no debe caer en manos del enemigo, salvo siendo un montón de escombros”. En la lista que el dictador escribió estaba La Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el Hotel National des Invalides”, el palacio de Luxemburgo, la Plaza de la Concordia y sus calles así como la Opera”. (1)

La torre Eiffel no murió  de éxito, sino que se salvó de su demolición gracias a él. Prueba de ello es que desde el día de su inauguración el 6 de Mayo de 1889 hasta antes de la pandemia más de 250 millones de personas visitaron la Torre Eiffel.

Fue la consultoría de ingeniería Eiffel et Cie creada en 1867 y dirigida por el ingeniero Eiffel que la diseño y construyó sobre el Campo de Marte para ser parte de la Exposición Universal con la que se conmemoraron los 100 años de  la Revolución Francesa.

Desde el comienzo de su creación como proyecto tuvo su apoyo, pero también muchos detractores que no la consideraban apropiada para una ciudad como París, de corte renacentista, la veían “desnuda poco agraciada, demasiado grande”.

Técnicamente sofisticada, tiene 18 mil piezas unidas por 2,5 millones de remaches, alcanza los 324 metros de altura (inicialmente 312 metros) y su peso supera las 10 mil toneladas.

Construida para la exposición, su vida debía ser corta, ya que era una estructura temporal, una construcción efímera.

Pero Eiffel deseaba que continuara en pie al finalizar la Exposición para poder sacar provecho de las entradas que entendía se generarían durante los 20 años de su convenio con el gobierno.

Para conseguirlo, instaló en ella en el mismo año 1899 una estación meteorológica para la Oficina Central Meteorológica de Francia, así como la una antena de radio (ésta diez años más tarde), utilizada para Telegrafía inalámbrica TSF.

Éstos fueron los argumentos que la salvaron de su destrucción y no su belleza estructural, estética y funcional.

Tenía en si la capacidad para transformarse en símbolo no solo de la Exposición para la que fuera concebida, sino de la ciudad de Paris.

Los trabajos de construcción comenzaron el 26 de enero de 1887.

Cinco ascensores permiten llegar hasta la segunda tanta y dos hasta la cima.

Sus nombres

Se pudo llamar Torre Bönickhause, ya que el apellido de Alexandre era Bönickhause, que lo cambio a sus 48 años, tomando el de su familia provenía de la región alemana de Eiffel.



También podía haberse llamado torre Joechin-Nouguier-Sauvestre, ya que en ella trabajaron en su concepción los ingenieros Maurice Koechlin (Buhl 1856 – 1946 Veytaux), Émile Nougier (Paris 1840 – 1897 Argenteuil) , que había construido obras notables como el Viaducto en Garabit o el famoso puente Maria Pia  en Oporto



Colaboró con ellos, especialmente en el aspecto estético el arquitecto Charles Léon Stephen Sauvestre (Bonnétable 1847 – 1919 París).

Con ellos Eiffel hizo el siguiente acuerdo, pagaría el coste de la obra (el 25% lo haría el estado) y entregaría a cada uno una prima del 1 % de las sumas que se desembolsarían durante la construcción y se comprometía a citar sus nombres como autores.

Firmaron los siguiente “Los señores Emile Nouguier y Maurice Koechlin acuerdan ceder a M. Gustavo Eiffel la propiedad exclusiva de la solicitud mencionada y declaran ceder todos sus derechos sin ninguna restricción ni reserva en la forma y el  momento en que G. Eiffel juzgue pertinente…»

Este equipo trabajó en lo que llamaría “Pylone de 300 m de hauteur”.

Desde 1884, no tenía un cliente, y buscaban quien lo financie, ya habían fracasado en su intento de que sea el símbolo de la Exposición Universal que se celebraría en Barcelona en 1888. La propuesta fue desechada por extravagante y cara.

Finalmente consiguieron convencer al Ministro de Industria y Comercio de Francia para que llamara a concurso para dar un símbolo a la Exposición de Paris. 

Las bases del concurso se realizaron a medida de Eiffel, que en aquel entonces ya era un ingeniero de enorme prestigio. Se pedía levantar una torre de hierro con una base de 125 m2 y una altura de 300 metros. Al concurso se presentaron 107 proyectos.



En el dibujo esta dibujada la planta, y a la derecha un edificio de 6 pisos, el obelisco de Luxor, la columna de Julio, el Arco del triunfo, la columna Vendome, la estatua de la libertad de la isla de los cisnes y la catedral de Notre Dame.

Fracaso del paracaidismo

El sastre Franz Reichelt (Štětí 1878 – 1912 Torre Eiffel) había diseñado un paracaídas.

Ya había fracasado muchas veces en sus pruebas realizadas con maniquíes que en lugar de bajar lentamente se estrellaban contra el suelo.

El bueno de Reichelt creía que sus reiterados fracasos se debían a la escasa altura desde donde los arrojaba, que era desde el patio de su casa en la rue Gaillon.



Al conseguir la autorización, anuncio a quien quisiera oírlo, especialmente a la prensa que el 4 de febrero de 1912, haría un nuevo y definitivo intento con un maniquí.

Pero ocultó su verdadera intención de tirarse él mismo desde la torre Eiffel.

Congrego a más de 30 periodistas, que fotografiaron y filmaron su caída desde los o9i0 metros, que lo llevo a morir estrellado contra el suelo.

Más suerte tuvo el estadounidense Frederick R. que por esas fechas se tiró con éxito en paracaídas desde la estatua de la libertad a 68 metros de altura.

Notas

1

Robert Bevan “la Destruccion de la memoria:Arquitectura de la Segunda Guerra Mundial”.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Ahora sabemos que el francés olvidado tuvo cartel con sponsor

 subido a facebook por Gustavo Anibal Visciarelli

Esta foto -tan magnífica como desconocida- nos remonta a aproximadamente 1920 para mostrarnos el ruinoso hotel Saint James abandonado frente a la actual Playa Varese.
En varias oportunidades hablamos de sus misterios.
También exhibe un fragmento de la Explanada Sur, paseo inaugurado a principios de siglo XX en el actual Boulevard Marítimo entre el Torreón y Cabo Corrientes.

Sabemos que estaba ornamentado con esculturas -en su mayoría réplicas de obras famosas- que fueron traídas de Europa.
Muchas de ellas embellecen hoy las plazas de Mar del Plata, como la que vemos en la foto. Se trata de "Venus de Milo", ubicada hoy en Plaza Colón.
Mejor no preguntar por el destino de esas bellas farolas.
No podremos dilucidar el misterio y sólo sumaremos tribulaciones.

Pero esta foto, recibida hace pocos días en el marco del proyecto Fotos de Familia, tiene un detalle sutil. Una suerte de pieza faltante en un rompecabezas. Se trata del cartel donde podemos leer "Restaurante Saint James de Juan Durrosier".
Tiempo atrás escribí sobre Durrosier y opté por llamarlo "el francés olvidado de Playa Varese", ya que la historia parecíó soslayar a este pionero de la actividad turística en aquel sector.
En verdad no abundaban fuentes documentales, salvo relatos familiares, algunas precisiones registradas por el arquitecto Roberto Cova y varias fotos mostrando un establecimiento de madera -primero restaurante y luego hotel- sobre las arenas de la bahía.
El cartel, auspiciado por los famosos cigarrillos 43, nacidos en 1898, es una singular prueba gráfica sobre la existencia del establecimiento, fundado por Jean Baptiste Durrosier.
Sabemos por fuentes familiares que Jean Baptiste, tras su arribo a la Argentina, se radicó en la zona rural de Maipú donde formó una numerosa familia.
Su llegada a Mar del Plata se produjo en fecha imprecisa, pero podemos situarla hacia fines del siglo XIX, cuando el hotel Saint James se hallaba en construcción.
El arquitecto e historiador Roberto Cova aportó otro dato: Durrosier se contactó en Mar del Plata con un paisano de apellido Dugued, que prosperaba con su panadería en el antiguo barrio de la estación de trenes.
Ambos, en sociedad, montaron una suerte de fonda en la actual Playa Varese para darle de comer a la multitud de obreros que trabajaba en la construcción del Saint James.
La paralización de la obra no significó la muerte del emprendimiento. Aquel sector –conocido entonces como “la playa del Saint James”- nacía lentamente al turismo de la mano del genovés Luis Varese, que a principios de siglo inauguró en aquel desolado paraje su histórico hotel Centenario.
Ya sin Dugued como socio, Durrosier reconvirtió aquella fonda, luego en un restaurante y más tarde en un hotel, que heredó el nombre “Saint James”. Los hijos de Jean Baptiste fueron parte de aquella empresa familiar.
El camino costero hasta Cabo Corrientes aún no existía y la franja de arena se pobló de hoteles de madera que funcionaron con permisos precarios.
El paraje cautivó a integrantes de la colonia británica en Argentina, muchos de ellos vinculados al ferrocarril, que lo convirtieron en su lugar de veraneo.
Tal circunstancia habría dado origen al nombre de “Playa de los Ingleses”, que fue cambiado por el de Varese durante la Guerra de Malvinas.
Hacia fines de la década del ’30, con la construcción del camino costero, los hoteles tuvieron que abandonar la playa y pasaron a la pendiente de la barranca. El “Saint James” siguió ese camino y continuó en manos de la familia Durrosier hasta mediados de los ’40.
En 1978 fue demolido junto al resto de los edificios.
Jean Baptiste no presenció los últimos capítulos. Murió en 1941. Pocos lo recuerdan, pero es parte de nuestra historia. La foto viene a rescatar su nombre...con el importante auspicio de cigarrillos 43.
La foto que ilustra este texto fue enviada por Ignacio Iriarte al proyecto Fotos de Familia del diario LA CAPITAL

Video

Saint James , sueldos sin pagar.. Relatos del Arq. Roberto Cova

Mar del Plata base cero

sábado, 6 de noviembre de 2021

Espíritu de las Casas: un puente circular entre la materialidad y la inmaterialidad

 

publicado el 29 de octubre de 2021 en PH Museum

 El artista y antropólogo Nicolás Janowski se asoció con el arquitecto Freddy Mamani para producir un trabajo fotográfico multidimensional que examina cómo la población indígena aymara en América del Sur está viendo cómo sus valores experimentan un renacimiento.

0

Espíritu de las Casas , o el espíritu de las Casas , es el último proyecto de colaboración realizado por el artista y antropólogo Nicolás Janowski (Argentina) y el arquitecto Freddy Mamani (Bolivia), que se originó en El Alto, Bolivia, en 2019. Se eligió la ubicación por el fuerte sentido de comunidad que surgió en nombre de los nativos locales y el posterior reconocimiento del significado de las enseñanzas transmitidas por los aymaras, una población indígena de la región de los Andes y el Altiplano. 



Los mitos aymaras sitúan a Tiwanaku, un sitio precolombino en el oeste de Bolivia, en el centro del universo.
El proyecto comprende dos formas principales de trabajo fotográfico.
Por un lado, los artistas reinterpretaron imágenes de archivo de la expedición arqueológica francesa a Tiwanaku, ocurrida en la primera década del siglo XX.
A través del compromiso con estos recursos de archivo, los artistas se ocuparon de la apropiación cultural del patrimonio de Tiwanaku en Europa.
La apropiación cultural de Tiwanaku se inició de la mano del Inca, quien comenzó a replicar esculturas aymaras y asociar el lugar a su propia génesis étnica.
Con la conquista española de Tiwanaku, y especialmente después de 1570, los nativos fueron reubicados y su cultura erradicada.
Sin embargo, a finales del siglo XVII, se produjo un resurgimiento gradual de los valores locales.
Hoy en día, la ambición de restaurar los valores ancestrales aymaras es fuerte.

0

A nivel práctico, Janowski investigó la documentación almacenada en el Museo de Brooklyn, retocó las imágenes y las imprimió en algodón. Desde una perspectiva simbólica, luego los llevó a El Alto para cooperar con Mamami, y ese gesto fue paralelo a la repatriación de la herencia robada. Aquí, Mamami incorporó una serie de bocetos en las imágenes, incluidos planos de edificios neoandinos. 

Esta última operación estimuló la continuidad entre las ruinas arqueológicas del pasado y la arquitectura contemporánea. Mientras tanto, Janowski agregó palabras en aymara, escritas con sangre, como un medio para defender y fortalecer el uso de la lengua local en la actualidad.

Un segundo grupo de imágenes se centra en la lectura poética de la ontología andina a través de la mirada y la estética de Janowski. 

La implementación de la doble exposición reitera la multivocidad, potenciando las narrativas de los nativos. 

Aquí, las temporalidades y los paisajes se superponen y se cruzan, al tiempo que dejan espacio para que las voces indígenas se eleven como abanderados de la diversidad y la transformación en nombre de tal diversidad.

Las dos capas discernibles dentro del proyecto alimentan, sin embargo, un sentido cohesivo de circularidad. 

Esto está en línea con la comprensión primordial de la vida que conserva la sociedad de El Alto, al tiempo que refleja el impulso de los artistas que buscaron establecer un vínculo orientado al futuro con los antepasados.

0


La serie se abre con una imagen que contiene las palabras 'qullaña o qulla', que significa 'curar'.
La base de una columna está editada para encerrar una planimetría, y junto a ella se encuentra una regla de unas pocas pulgadas de alto.
El aparente desequilibrio creado por las diferentes escalas se asocia así a un viaje terapéutico, que busca reconciliarse a través de la reciprocidad en la multiplicidad.

En adelante, la noción de diversidad como incentivo para el cambio surge desde el principio y luego se elabora a fuerza de la síntesis de elementos naturales y culturales. 

La asimilación de los planos estructurales contemporáneos en las fotografías de las ruinas arqueológicas vincula aún más la conexión que subsiste entre el presente y el pasado, de una manera que intenta casar las esferas del tiempo, en lugar de separarlas.

Las siguientes palabras en aymara inscritas en las imágenes son 'evocar', 'alma', 'estar aquí', 'aceptar y recibir voluntariamente lo que se ofrece', 'solidaridad', 'recordar con el corazón', 'la transmutación al ser'. una persona ', y' de todo corazón '. 

Los términos adoptados reflejan poderosas elecciones conceptuales, en las que la dicotomía de materialidad e inmaterialidad es crucial. 

Nociones intangibles como armonía, memoria y esencia se entrelazan con la idea de presencia tanto física como espiritual, en un camino que integra una unidad básica como la piedra con el paisaje que alberga la piedra, luego con una persona que habita el paisaje, y en última instancia, con una persona que habita en su propio yo.

0

La fotografía Chiripa (Lago Titicaca, 2020) logra la sublimación de estos estratos de análisis, brindando una imagen de un rostro que contiene un ego más distante y posicionado sobre una roca superpuesta, educando así la unificación de los múltiples yoes del ser humano con el entorno circundante a lo largo de todo el proceso. sus transferencias temporales. 

En general, el trabajo de Nicolás Janowski y Freddy Mamani fomenta una lógica de sincronización con las características ambientales y sociales. El proyecto se hace eco de las palabras del escritor Eduardo Galeano, quien inspiró a Janowski desde su juventud: "Se podría construir un puente de plata de Potosí a Madrid de lo que aquí se extrajo - y uno atrás con los huesos de los que murieron sacándolo". Espíritu de las Casas representa un cuerpo de trabajo experimental que atribuye un significado específico al papel de la fotografía contemporánea como un medio para reivindicar el patrimonio y reflexionar sobre la apropiación cultural, encarnando así el puente (circular) mencionado anteriormente: uno que no debe temblar de frente. de transmutación.

0

---------------

Todas las obras © Nicolás Janowski y Freddy Mamani de Espíritu de las Casas

---------------

Nicolás Janowski es un artista interdisciplinario que fusiona los campos de la fotografía, la curaduría y la antropología. Tiene su sede en Buenos Aires, Argentina. Síguelo en Instagram .

Freddy Mamani es un arquitecto boliviano que representa una pieza central en la arquitectura neoandina. En su mayoría está asociado a la ciudad de El Alto, donde trabajó en los llamados "cholets" para materializar los valores de la población indígena aymara. Síguelo en Instagram .

Sofia Galli es escritora, poeta y experta en estudios del patrimonio. Estudió en la Universidad de Aberdeen y en la Universidad de Amsterdam. Sus enfoques incluyen la relación entre arte y política, la teoría de la movilidad en exposiciones y el examen de exposiciones en espacios no canónicos. Síguela en Instagram .