jueves, 18 de enero de 2018

Fundación Querini Stampalia Venecia, 1961-63 - Carlo Scarpa



En 1961 Giuseppe Mazzario, amigo y colega del Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia de Carlo Scarpa, así como director de la Fundación Querini Stampalia, contactó con él para la remodelación de la planta baja y el patio de la sede del palacio del siglo XVI de la Fundación Querini Stampalia.
El proyecto estaba condicionado por una parte, por las exigencias muy precisas de la Comisión, y por el otro por las fuertes restricciones dictadas por el sitio en particular. En primer lugar, el Instituto solicitó un nuevo acceso al edificio directamente desde la plaza, a continuación, hacer accesibles los espacios en la planta baja que estaban sometidos con regularidad al fenómeno del "acqua alta" y, finalmente, el rediseño del pequeño pero valioso jardín trasero.
Durante el siglo XIX el edificio fue severamente alterado por la introducción de columnas de madera y paredes falsas en las salas, que ocultaban la estructura espacial original.La primera operación llevada a cabo por Scarpa por lo tanto, fue la rehabilitación de los espacios para devolverles su conformación inicial, de los llamados "Portego" y del gran salón central perpendicular al curso del canal. Después siguió la finalización del puente de acceso, la creación del sistema de defensa contra el agua y la transformación del patio.
Durante el siglo XIX, la entrada del palacio fue realizada por una calle estrecha, en su lugar Scarpa uso una ventana existente en la fachada principal y construyó un puente que conecta el Campo Santa Maria Formosa y el Palacio.


La estructura del puente es de hierro y comienza en el lado de la plaza, en dos gruesos bloques de piedra de Istria, para formar los dos primeros escalones. El resto es de tablas de alerce. Este nuevo puente se une decidido, pero "inofensivo", al viejo puente construido con materiales tradicionales, enriqueciendo con un vago toque oriental.
El problema del agua alta es sabiamente tratado por Scarpa en el proyecto de la planta baja que se usa normalmente para exposiciones temporales y conferencias.

El arquitecto acepta plenamente la presencia del agua, y en vez de tratarla como un obstáculo para la entrada, le da la bienvenida al edificio . El pavimento está realizado en correspondencia del portico de la fachada sobre el canal. La verja de hierro del portal está decorada con motivos geométricos de inspiración oriental.


Las paredes están protegidas de la humedad inevitable a través de paneles de yeso y fija a una cierta distancia de la carga de mampostería, con el fin de permitir una buena aireación.
Cualquier otro material utilizado está diseñado para minimizar el problema de la presencia de agua.

El suelo del vestíbulo original (ahora hay una nueva entrada), hecho de mármol policromo en un patrón similar al del revestimiento exterior de la Capilla del Museo de Castelvecchio en Verona. El techo está terminado en estuco de color rojo.

En otras partes, el suelo es de piedra de Istria, como en piedra de Istria es la estructura mediante la cual Scarpa recubre la escalera que conduce a la biblioteca, la galería y las oficinas en el primer piso.




Desde el área del pórtico se alcanza a través de una pared de cristal, la sala central. Aquí las paredes están revestidas de paneles de mármol de travertino equipado con guías de cobre especiales para colgar cuadros u otras obras de arte.
La luz viene de los dos lados cortos, ambos protegidos por paredes de cristal, es una combinación de la luz directa y luz reflejada (en el agua y en las plantas de patio trasero)



Una puerta "mimética", también en travertino, conduce a una habitación privada a la derecha de la sala. El suelo ofrece una lectura moderna de los tradicionales terrazos continuos de piedra y guijarros usado normalmente en el palazzo veneciano.





La sala central también está iluminada por luces de neón protegidas por paneles de vidrio opaco a ras del mármol.


En el lado opuesto del Pórtico sobre el canal se abre un pequeño jardín, la auténtica joya del Palacio Querini.
Scarpa lo incorpora al palacio, de manera que sea perfectamente visible desde el interior de la sala de conferencias.. El agua es de nuevo protagonista, alternandose en los puntos de recogida, como en la vasija de mármol Apuano, en el pequeño laberinto metálico en forma ninfea o el de los pequeños canales serpenteantes.Una vez más la memoria de Venecia y el espíritu japonés se funden para crear una mezcla absolutamente sin precedentes en la arquitectura contemporánea.









Diez años después de la rehabilitación de la planta baja de la Fundación, Scarpa recibió la tarea de diseñar una biblioteca detrás del edificio, pero el proyecto nunca fue aprobado por las autoridades competentes.




"La arquitectura es un idioma muy dificil de entender; es misterioso a diferencia de otras artes, la música en particular,
más directamente comprensible...   El valor de una obra es su expresión, cuando algo está bien expresado, su valor se vuelve muy alto."



ubicación



lunes, 15 de enero de 2018

La Escuela Presidente Roca, Monumento Histórico Nacional



Gustavo A. Brandariz, arq.
Profesor Titular de Historia de la Arquitectura (FADU-UBA)


El Decreto 832 del pasado 17 de Octubre de 2017, declara Monumento Histórico Nacional al edificio de la Escuela Presidente Roca, ubicada en Libertad 581, Buenos Aires. 
La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos había propuesto esa declaratoria durante la presidencia del Arq. Jaime Sorín y ahora continuará las gestiones y procedimientos establecidos en la Ley 12.665 durante la presidencia de Teresa de Anchorena.
El decreto presidencial enumera algunos de los muchos méritos que justifican la declaratoria, pero un detalle más extenso necesariamente tendría el tamaño de un libro. 
La presencia inconfundible del edificio en la Plaza Lavalle, frente al Teatro Colón, transmite sólo en parte la importancia de la Escuela como institución. 
La Escuela formó parte del plan de edificación escolar de 1899, pero es un edificio singular: fue construida como Escuela Modelo del Consejo Nacional de Educación. 
En 4.207 m2 construidos se ubicaron 12 aulas (para 405 alumnos por turno), un magnífico Salón de Actos, gabinete de ciencias, biblioteca, talleres para trabajo manual, amplias galerías y espacios comunes. 
El edificio incluyó un enorme patio abierto de 724 m2, un patio cubierto de 571 m2, terraza con pérgola y jardín posterior.
Las aulas poseían tamaño generoso, un volumen de aire que su aseguraba calidad y pureza con un sistema natural de renovación, calefacción, solado y friso de madera aislante, pizarrón perimetral y amplios ventanales que bañaban de luz natural hasta el último pupitre. La acústica era impecable.  El pórtico monumental y los detalles ornamentales de la fachada manifestaban la alusión clásica del estilo arquitectónico y las inscripciones en latín, seleccionadas por Paul Groussac, daban sentido al mensaje: las letras vivifican el espíritu, el libro libera.
En mayo de 1902 ya habían llegado los bloques de granito de Tandil, de 30 toneladas de peso, que, labrados en la Plaza Lavalle, se convertirían en las columnas monolíticas del pórtico de entrada. Las esculturas alegóricas del pórtico fueron obra de Giovanni Arduino. En  octubre de 1903 el Presidente Julio A. Roca visitó las obras en compañía de los miembros del Consejo y del arquitecto Morra.
El edificio se inauguró el 15 de noviembre de 1903 y al año siguiente, el 14 de abril, se iniciaron las clases. La escuela fue proyectada por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), un maestro de la arquitectura argentina, muy especializado en arquitectura escolar. Descendía de una familia noble de antigua tradición, era Marqués y Caballero del Santo Sepulcro, contaba a dos Papas entre sus ancestros y también a la poetisa renacentista Isabella Morra, cuya biografía escribió el filósofo Benedetto Croce.
La Escuela Presidente Roca nacía como la más perfecta realización arquitectónica de la política de educación popular impulsada desde 1849 por Sarmiento y plasmada en 1884 en la Ley 1420. Por aquellos años existían discusiones políticas, pero laicistas y clericales compartían una honesta e idéntica pasión por la educación popular. El edificio es la materialización de aquellas inmensas ilusiones de forjar una patria libre, progresista y culta, abierta a todos quienes desearan habitar el suelo argentino, para que sus hijos tuvieran futuro. Para los niños se construían escuelas enormes, higiénicas y luminosas, soñando que, volcados al estudio y respetándose, hijos de familias muy humildes y de otras muy adineradas vieran posible la igualdad de oportunidades. 
La Escuela tuvo grandes directores, como el prestigioso maestro y pedagogo José Jacinto Berrutti (1871-1951). Entre 1904 y 1917, la Escuela fue centro de experimentación pedagógica. En ella inició el gran pintor Martín Malharro, Inspector Técnico de Dibujo del Consejo, la renovación pedagógica en su área. En 1906 la "Asociación Amigos de la Educación", fundada por iniciativa de Berrutti, inauguró los cursos de manualidades diversas, de capacitación comercial, música, modelado, dibujo y otras especialidades dirigidos a la comunidad y en 1908 la entidad creó los cursos de la Escuela Nocturna Popular "Presidente Roca". La sociedad infantil "Verdad y Trabajo", integrada por alumnos de 3º a 6º grado fue el primero de los "clubes escolares" dentro de una escuela pública.
En 1908 fue implantada en el edificio y para los cursos diurnos la "Copa de leche", como experiencia piloto. No se trataba de un proyecto asistencial sino de un recurso para la educación, y por ese motivo no estaba dirigido a los niños más pobres, sino a todos. Resultaba claro que el rendimiento intelectual de los alumnos decaía hacia la mitad del turno escolar y, por esa razón, el suministro de leche caliente se proponía científicamente como un modo de reanimar el cuerpo y la mente.  Para tal fin, la Escuela fue dotada de un equipo moderno -y modelo en su género- que no sólo comprendía una cocina, sino también un sistema de distribución de agua caliente por cañerías en forma de serpentina radiante que se elevaba paralelo al muro del sector, y tenía por delante los vasos de leche para los niños. Así, a la hora del recreo largo, todos los vasos tenían temperatura igual y ajustada a la necesidad.
Hubo también historias muy tristes, que marcaron el alma de la institución. En 1909, en un atentado anarquista a un tranvía, murió Esteban Garaycoechea, alumno de la Escuela Presidente Roca. Era un niño de condición muy humilde, canillita, y sostén económico de su familia. Fue velado en su Escuela y gran cantidad de ciudadanos de todos los niveles sociales fueron allí a rendirle homenaje y solidarizarse con sus maestros y familiares. Era la escuela de todos. El libro de Guada Aballe "Niños del ayer" recuerda su historia.

El 23 de mayo de 1910, en el Salón de Actos fue clausurado el Primer Congreso Femenino Internacional, que sesionó por iniciativa de Julieta Lanteri. En 1915 la foto de la Escuela fue exhibida en la "Panama-Pacific Exposition" de San Francisco. En 1941 desde la Escuela se emitía el programa radial "Escuela del aire".
Con los años, el edificio fue sufriendo achaques, deterioros, incomprensiones. Hace poco se restauró parcialmente su fachada y desde octubre el edificio es Monumento Histórico Nacional. Que esa declaratoria ayude a recordar que la educación ha de ser nuestra prioridad, si deseamos realmente tener un futuro mejor.
Olivos, 8 de noviembre de 2017
Fotografías: AGN (históricas), Alejandro Leveratto y Sergio López Martínez 

ubicación
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martes, 9 de enero de 2018

Volando sobre el cielo de Buenos Aires


Terminando el año 2017, una de las invitaciones, que recibimos para brindar por un nuevo año, fue de la directora de la Galería Güemes Cecilia Osler, festejo que debido, a las protestas de fin de año por el ajuste de las jubilaciones,  se postergo hasta la primera semana del nuevo año.

Esta ocasión, se uso también, para invitar a los asistentes a apreciar el atardecer desde el mirador de la Galería, que es una de las vistas recomendada para apreciar las cúpulas y techos del centro de la ciudad de Buenos Aires y para ver una muestra fotografica sobre el departamento que habito Antoine Saint Exupery durante su estadias en Buenos Aires.


Aproveche la ocasión para invitar, de forma interesada, a dos amigos a que me acompañaron para ayudarme a contar parte de esta visita. 

Luis Grossman, el "relator de Buenos Aires" y Rodolfo Seide, el "fotografo de Buenos Aires", ellos con sus imágenes, orales y fotográficas, me ayudaran a cerrar, de e-ArquiNoticias N° 39, (el último número del año 2017 y primero del 2018 que estamos terminando).
Algunas fotos de Rodolfo Seide





Espiando desde lo alto

Por Luis J. Grossman, arq.



"Era el primer jueves del año y el siempre activo Carlos Sánchez Saravia me propuso asistir al acto que esa tarde-noche se haría en el piso 14 de esa maravilla conocida como Galería Gûemes.

Subimos una prolongada escalera de caracol al ya célebre mirador del edificio proyectado por Francesco Gianotti. El lugar fue promovido y divulgado por el colega Néstor Zaquim, quien incluso escribió un libro sobre los miradores de Buenos Aires.

Esta atalaya, situada a 100 metros de altura, tiene vistas despejadas a todo el contorno, y disfruta de una observación de la que estamos privados los que vivimos a una altura normal. Por ejemplo, la cúpula del edificio conocido como Banco de Boston no puede apreciarse desde la calle y es una forma cónica de cerámica rojo profundo que revela la calidad de su diseño y la perfecta construcción de esos tiempos.

Bueno, las reconocidas cúpulas de los Bencich lucen espléndidas (las vimos primero con las últimas luces del ocaso, y después con la iluminación artificial sabiamente dispuesta por Juan Carlos Poli).

No hace muchos años, con Hernán Lombardi proyectamos una muestra titulada “Las Cúpulas de Buenos Aires”. Con más de 100 fotos en blanco y negro de Pedro Roth, a las que se añadirían vistas a todo color intercaladas, se iba a hacer en el Museo de la Ciudad y después iba a registrarse en un libro. Cuento esto porque Buenos Aires revela una rara vocación de cúpulas que la distingue.

Y esto quedó corroborado en la bella experiencia vivida el primer jueves de este año".

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Interior Galeria Guemes

lunes, 8 de enero de 2018

Arquitectura desaparecida. Casa en Raleigh, de Eduardo Catalano

Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO

Grandes Maestros
La casa que el arquitecto de origen argentino, Eduardo Catalano, construyó para sí mismo en Raleigh (Carolina del Norte), entre 1953 y 1955, a pesar de convertirse en un icono de la arquitectura residencial norteamericana de los años cincuenta, se sumó a la lista de la arquitectura moderna desaparecida, tras su demolición en 2001.
publicado por Arquitectura y Empresa.es
Debido a su proximidad en el tiempo y a la poca valoración de la arquitectura moderna y contemporánea por parte de las instituciones, algunos de los ejemplos más icónicos de la modernidad han desaparecido o han sido fatalmente mutilados.
Uno de estos ejemplos es la casa construida en Raleigh (Carolina del Norte, Estados Unidos) por el arquitecto argentino Eduardo Fernando Catalano (1917-2010), como residencia propia, lo que hizo que fuese conocida como Casa Catalano.
Eduardo Catalano frente a la casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1974. Imagen: News & Observer Publishing Co.
Tras estudiar en Harvard con Walter Gropius, y graduarse en 1945, en 1950 fue invitado como docente por la Architectural Association de Londres. En 1951, Henry Leveke Kamphoefner lo llamó para que fuese profesor de arquitectura en la Escuela de Diseño de la North Carolina State University, NCSU, donde en aquel momento era decano. Este nombramiento motivó su traslado y establecimiento en Raleigh, capital del estado de Carolina del Norte y lugar de ubicación de la escuela, y a la larga estimuló la construcción de su propia vivienda, la casa Catalano.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte) en construcción. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
Casa en Raleigh (Carolina del Norte) en construcción. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
La vivienda se localizaba en el número 1467 de Ridge Road, actualmente conocido como Catalano Drive. El sencillo programa de la casa se resolvía en una única planta, dividida en dos áreas (día y noche) por un núcleo central de equipamiento donde se ubicaban los espacios de servicio vinculados a la cocina. La zona de día se diferenciaba en dos ámbitos separados de comedor y salón, volcados ambos sobre una terraza exterior.
Planta, casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano
En el lado opuesto de la casa se desarrollaba la zona de noche, con tres dormitorios. La habitación principal se separaba de los dormitorios secundarios por una banda equipada que sobresalía de la forma rectangular y acotada de la planta, colonizando el terreno cercano. En dicha banda se sucedían los distintos espacios servidores: un aseo, con entrada por el corredor; un vestidor, con acceso exclusivo desde el dormitorio principal, y desde el que se pasaba a un baño privado; y una sala de maquinaría e instalaciones, con acceso desde el exterior de la casa.
La franja de noche se completaba con un porche cubierto que funcionaba como entrada a la vivienda, y al que se llegaba directamente desde la zona de aparcamiento, un espacio anexo semicubierto.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte) en construcción. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO
El carácter más innovador de la casa lo constituía su cubierta, resuelta como un paraboloide hiperbólico. Al tratarse de una superficie doblemente reglada puede construirse a partir de líneas rectas, lo que facilita su construcción. La forma final que se consigue es muy similar a una silla de montar (aunque los norteamericanos prefieren compararla con la forma de una patata frita).
Vista 3D, casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Martin Chavanne
Esquemas, casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano
La cubierta de madera sólo apoya en dos puntos diagonales, dejando los otros dos vértices de la planta cuadrada en voladizo. El espacio habitable se ubica bajo este gran paraguas sin necesidad de ningún otro punto de apoyo. La arquitectura se ve reducida a un simple juego de pieles, sin estructura, sin osamenta. Piel sin huesos.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
La propia forma del paraboloide permite aprovechar la distinta inclinación de la cubierta, sus transiciones y cambios de altura, para ubicar los espacios de la vivienda según la privacidad necesaria, o según la apertura o cierre de las estancias.

Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO
La casa se conforma, de esta manera, como una cubierta unitaria que parece levitar sobre un espacio completamente abierto y acristalado. La caja de vidrio, con carpinterías pintadas en negro, se retranquea del perímetro del paraboloide para mejorar su protección solar y evitar la incidencia directa de la lluvia.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Ezra Stoller-ESTO
Estos retranqueos posibilitan interesantes espacios de transición entre el exterior y el interior, generando toda una serie de espacios y terrazas a cubierto. La delimitación y acotación del espacio exterior inmediato a la casa produce la especialización de terrazas y jardines anexos a los espacios habitables. Cada estancia posee, en consecuencia, un ámbito exterior diferenciado e independiente.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Gene Heil
La vivienda muestra una imagen deslumbrante de modernidad y, a la vez, de atemporalidad. La forma de la cubierta, los revestimientos de madera, los paños acristalados y las carpinterías en color negro generan una apariencia sobria y depurada. Como símbolo de innovación técnica, la casa incorporaba la instalación de aire acondicionado, toda una novedad en su momento.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
En el contexto de los años cincuenta, la casa Catalano fue vista como el icono de una nueva arquitectura norteamericana, claramente moderna y optimista, que apostaba por la innovación y el diseño en la Era Atómica y el despegue económico de Estados Unidos.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Special Collections Research Center-NCSU Libraries
Los medios de comunicación hicieron una amplia cobertura de la residencia, apareciendo publicada, por ejemplo, en el número de agosto de 1955 de la revista House+Home, que la declaró la “Casa de la Década”. La revista Life, en su número del 11 de noviembre de 1957, incluía la casa Catalano dentro de la segunda parte de su reportaje “Tomorrow’s life today. Man’s new world”, como una nueva forma de asentamiento, de concepto estructural y diseño radicales.
Páginas 93-95, revista House+Home, agosto de 1955
Páginas 96-98, revista House+Home, agosto de 1955
Tras ser nombrado profesor de arquitectura en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en 1956 Eduardo Catalano se trasladó hasta Boston, impartiendo clase en el MIT hasta 1977. La venta de la casa y su posterior compra por diferentes propietarios, la falta de mantenimiento, el abandono a partir de 1996 y los sucesivos actos vandálicos, llevaron a un completo deterioro de la vivienda y, finalmente, a su demolición a finales de marzo de 2001.
Casa en Raleigh (Carolina del Norte), 1953-1955. Eduardo Catalano. Imagen: Preservation North Carolina
Este referente de la arquitectura residencial norteamericana de los años cincuenta se suma a la, desgraciadamente, larga lista de catastróficas pérdidas de la arquitectura moderna. Sirva el desafortunado final de la casa en Raleigh de Eduardo Catalano como una advertencia del incierto futuro de la modernidad. Sirvan estas palabras como recordatorio y obituario de una pieza fascinante de esa modernidad.

jueves, 4 de enero de 2018

Destrucción de la cisterna histórica en Moreno 550: repercusiones en los medios




POR CENTRO DE ARQUEOLOGÍA URBANA · 3 ENERO 2018






http://estudiokohon.com/obras/moreno550.html
en la página del desarrollador, en la obra daba cuenta del hallazgo, sin embargo,...





Incluimos en este artículo algunas de las repercusiones periodísticas que tuvo la destrucción de la cisterna que perteneció a la casa de la familia Ezcurra, en la calle Moreno 550. En ambos casos, pertenecen al canal Todo Noticias (TN) de Buenos Aires: el primero es la presentación realizada el viernes 29 de diciembre de 2017 en el programa “TN de 10 a 14”; en el segundo, un segmento del programa “Bella Tarde”, emitido el viernes 29 de diciembre de 2017, donde el historiador Eduardo Lazzari hace mención al daño realizado al patrimonio histórico de la ciudad.







Residencia particular de Rosas en Bolivar y Moreno
Fue sede del gobierno de Bs.As - Luego Correos y Telégrafos

Dice A. Taullard sobre esta casona, demolida hace años: "En la esquina de Bolivar y Moreno estaba el inmenso caserón de la familia Ezcurra, que habitó don Juan Manuel de Rosas durante más de quince años, y que era por así decirlo la verdadera residencia gubernativa, pues el Fuerte había dejado de serlo en 1837". 
Después de Caseros fue confiscada, pero "continuó sirviendo de residencia al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, hasta su traslado a La Plata, ocupándola después el Correo hasta 1901, año en que éste se trasladó a su actual local de la calle Reconquista y Corrientes".
En efecto, después de Rosas fue residencia del gobernador Vicente López y Planes. En 1886, levantada la confiscación de algunos bienes de Rosas, don Juan N. Terrero, apoderado de Manuelita, la ofreció en venta al Gobierno Nacional por la suma de 950.000 pesos.
Hacia 1904, Lucio V. Mansilla la describía así: 
"Me estoy refiriendo a la vieja casa con gran patio, flanqueado diré de habitaciones por los cuatro costados, habitaciones que tenían, algunas de ellas, ventanas interiores de rejas, y no a la casa más conocida por haber estado allí el Correo muchos años". Él mismo cuenta que su tía Encarnación, o Manuelita, le daba confites de Córdoba, que eran colorados, cuando de niño pasaba a visitar a sus tíos.
La foto que reproducimos fue publicada por Taullard en su valiosa obra Nuestro Antiguo Buenos Aires. Cómo era y cómo es desde la época colonial ' hasta la actualidad, editada en 1927. La casa fue sede del gobierno de Rosas desde 1830 a 1832, y desde 1835 hasta 1838. 

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